¡Es pescado capitán, pero no cómo lo conocemos!

Efe verdeAutora:Lydia Chaparro. Publicado por: EFE verde

Estudios realizados en distintos países y recogidos por OCEAN2012 muestran como la sobreexplotación pesquera y la falta de recursos pesqueros en nuestros mares afecta sin duda alguna la calidad del pescado que consumimos.

En algunos Estados de la Unión Europea se está cometiendo un gran fraude que pasa inadvertido al público, el falso etiquetaje de los productos del mar. Sin saberlo, el consumidor se encuentra frecuentemente cara a cara con productos etiquetados deliberadamente de forma incorrecta. En algunos casos, estos se venden como si fueran especies más caras o incluso especies capturadas de forma sostenible.

Las razones de estos fraudes se deben a varios motivos. Mientras que nuestra demanda de pescado y marisco está creciendo, la disponibilidad de productos capturados localmente se reduce a causa de la sobrepesca. Por este motivo, la Unión Europea tiene que importar cada vez más pescado procedente de aguas cada vez más lejanas. Estos productos baratos procedentes de la acuicultura y de pesquerías lejanas, están inundando cada vez más nuestros mercados, y a menudo nos los venden de forma fraudulenta.

Claros ejemplos de ello los encontramos en varios países donde se han realizado pruebas de ADN en el pescado comercializado. En Irlanda, el 28% de todo el bacalao vendido es falso, y peces como el abadejo, el carbonero o el merlán se etiquetan incorrectamente y se venden como bacalao. Para que no nos percatemos, los procedimientos de empanado, ahumado o rebozado de los filetes se encargan de enmascarar el aspecto, el olor y el sabor de los impostores. Pero menos ético, si cabe, es el resultado de las pruebas sobre la procedencia de los peces etiquetados como ‘bacalao pescado de forma sostenible en el Pacífico’, puesto que en realidad se trataba de bacalao sobrepescado en el Atlántico. Así pues, los estafadores se están aprovechando de los consumidores que desean pescado capturado de forma sostenible.

El bacalao es para los irlandeses y los británicos lo que la merluza es para los españoles. Estudios realizados por la Universidad de Oviedo revelan también altos niveles de falso etiquetado. Entre el 31% y el 39% de la merluza analizada era merluza africana, más barata, en lugar de la merluza más cara capturada en Europa o importada de América. Este falso etiquetaje hace que los consumidores españoles, que están dispuestos a pagar más por la merluza fresca capturada localmente, están consumiendo frecuentemente merluza de menor calidad, pero a un precio que casi duplica su valor real. De esta manera, y sin quererlo, estamos enriqueciendo a unos estafadores que afirman que la merluza comercializada ha sido capturada en aguas locales.

La falta de pescado procedente de nuestras aguas crea además nuevos mercados para especies antes desconocidas y que ahora abundan en nuestros platos, como es el caso del panga, un pescado criado en las aguas dulces y salobres del sureste asiático. En la última década las importaciones de panga crecieron exponencialmente y hoy en día, este pescado reconocido por tener poco sabor y calidad, ha reemplazado nuestros productos tradicionales.

No cabe duda que si la sobreexplotación pesquera no se soluciona pronto, poco quedará de aquel pescado tradicional y saludable procedente de nuestro litoral. Esta falta de suministro propio debido al agotamiento de los recursos, junto con nuestro voraz apetito y las fórmulas estafadoras llevadas a cabo por algunos sectores pesqueros, que buscan nuevas fuentes de ingresos a costa del bolsillo y del paladar del consumidor, hacen hoy en día necesario que todos juntos trabajemos y apostemos por unas políticas pesqueras que pongan fin a la sobrepesca, los ciudadanos también debemos exigirlo a los responsables políticos. Queremos restablecer la salud de los océanos y abastecernos de unas pesquerías sostenibles.

Artículo disponible en: http://www.efeverde.com/opinion/es-pescado-capitan-pero-no-como-lo-conocemos

En algunos Estados de la Unión Europea se está cometiendo un gran fraude que pasa inadvertido al público, el falso etiquetaje de los productos del mar. Sin saberlo, el consumidor se encuentra frecuentemente cara a cara con productos etiquetados deliberadamente de forma incorrecta. En algunos casos, estos se venden como si fueran especies más caras o incluso especies capturadas de forma sostenible.

Las razones de estos fraudes se deben a varios motivos. Mientras que nuestra demanda de pescado y marisco está creciendo, la disponibilidad de productos capturados localmente se reduce a causa de la sobrepesca. Por este motivo, la Unión Europea tiene que importar cada vez más pescado procedente de aguas cada vez más lejanas. Estos productos baratos procedentes de la acuicultura y de pesquerías lejanas, están inundando cada vez más nuestros mercados, y a menudo nos los venden de forma fraudulenta.

Claros ejemplos de ello los encontramos en varios países donde se han realizado pruebas de ADN en el pescado comercializado. En Irlanda, el 28% de todo el bacalao vendido es falso, y peces como el abadejo, el carbonero o el merlán se etiquetan incorrectamente y se venden como bacalao. Para que no nos percatemos, los procedimientos de empanado, ahumado o rebozado de los filetes se encargan de enmascarar el aspecto, el olor y el sabor de los impostores. Pero menos ético, si cabe, es el resultado de las pruebas sobre la procedencia de los peces etiquetados como ‘bacalao pescado de forma sostenible en el Pacífico’, puesto que en realidad se trataba de bacalao sobrepescado en el Atlántico. Así pues, los estafadores se están aprovechando de los consumidores que desean pescado capturado de forma sostenible.

El bacalao es para los irlandeses y los británicos lo que la merluza es para los españoles. Estudios realizados por la Universidad de Oviedo revelan también altos niveles de falso etiquetado. Entre el 31% y el 39% de la merluza analizada era merluza africana, más barata, en lugar de la merluza más cara capturada en Europa o importada de América. Este falso etiquetaje hace que los consumidores españoles, que están dispuestos a pagar más por la merluza fresca capturada localmente, están consumiendo frecuentemente merluza de menor calidad, pero a un precio que casi duplica su valor real. De esta manera, y sin quererlo, estamos enriqueciendo a unos estafadores que afirman que la merluza comercializada ha sido capturada en aguas locales4.

La falta de pescado procedente de nuestras aguas crea además nuevos mercados para especies antes desconocidas y que ahora abundan en nuestros platos, como es el caso del panga, un pescado criado en las aguas dulces y salobres del sureste asiático. En la última década las importaciones de panga crecieron exponencialmente y hoy en día, este pescado reconocido por tener poco sabor y calidad, ha reemplazado nuestros productos tradicionales.

No cabe duda que si la sobreexplotación pesquera no se soluciona pronto, poco quedará de aquel pescado tradicional y saludable procedente de nuestro litoral. Esta falta de suministro propio debido al agotamiento de los recursos, junto con nuestro voraz apetito y las fórmulas estafadoras llevadas a cabo por algunos sectores pesqueros, que buscan nuevas fuentes de ingresos a costa del bolsillo y del paladar del consumidor, hacen hoy en día necesario que todos juntos trabajemos y apostemos por unas políticas pesqueras que pongan fin a la sobrepesca, los ciudadanos también debemos exigirlo a los responsables políticos. Queremos restablecer la salud de los océanos y abastecernos de unas pesquerías sostenibles.

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En algunos Estados de la Unión Europea se está cometiendo un gran fraude que pasa inadvertido al público, el falso etiquetaje de los productos del mar. Sin saberlo, el consumidor se encuentra frecuentemente cara a cara con productos etiquetados deliberadamente de forma incorrecta. En algunos casos, estos se venden como si fueran especies más caras o incluso especies capturadas de forma sostenible.

Las razones de estos fraudes se deben a varios motivos. Mientras que nuestra demanda de pescado y marisco está creciendo, la disponibilidad de productos capturados localmente se reduce a causa de la sobrepesca. Por este motivo, la Unión Europea tiene que importar cada vez más pescado procedente de aguas cada vez más lejanas. Estos productos baratos procedentes de la acuicultura y de pesquerías lejanas, están inundando cada vez más nuestros mercados, y a menudo nos los venden de forma fraudulenta.

Claros ejemplos de ello los encontramos en varios países donde se han realizado pruebas de ADN en el pescado comercializado. En Irlanda, el 28% de todo el bacalao vendido es falso, y peces como el abadejo, el carbonero o el merlán se etiquetan incorrectamente y se venden como bacalao. Para que no nos percatemos, los procedimientos de empanado, ahumado o rebozado de los filetes se encargan de enmascarar el aspecto, el olor y el sabor de los impostores. Pero menos ético, si cabe, es el resultado de las pruebas sobre la procedencia de los peces etiquetados como ‘bacalao pescado de forma sostenible en el Pacífico’, puesto que en realidad se trataba de bacalao sobrepescado en el Atlántico. Así pues, los estafadores se están aprovechando de los consumidores que desean pescado capturado de forma sostenible.

El bacalao es para los irlandeses y los británicos lo que la merluza es para los españoles. Estudios realizados por la Universidad de Oviedo revelan también altos niveles de falso etiquetado. Entre el 31% y el 39% de la merluza analizada era merluza africana, más barata, en lugar de la merluza más cara capturada en Europa o importada de América. Este falso etiquetaje hace que los consumidores españoles, que están dispuestos a pagar más por la merluza fresca capturada localmente, están consumiendo frecuentemente merluza de menor calidad, pero a un precio que casi duplica su valor real. De esta manera, y sin quererlo, estamos enriqueciendo a unos estafadores que afirman que la merluza comercializada ha sido capturada en aguas locales4.

La falta de pescado procedente de nuestras aguas crea además nuevos mercados para especies antes desconocidas y que ahora abundan en nuestros platos, como es el caso del panga, un pescado criado en las aguas dulces y salobres del sureste asiático. En la última década las importaciones de panga crecieron exponencialmente y hoy en día, este pescado reconocido por tener poco sabor y calidad, ha reemplazado nuestros productos tradicionales.

No cabe duda que si la sobreexplotación pesquera no se soluciona pronto, poco quedará de aquel pescado tradicional y saludable procedente de nuestro litoral. Esta falta de suministro propio debido al agotamiento de los recursos, junto con nuestro voraz apetito y las fórmulas estafadoras llevadas a cabo por algunos sectores pesqueros, que buscan nuevas fuentes de ingresos a costa del bolsillo y del paladar del consumidor, hacen hoy en día necesario que todos juntos trabajemos y apostemos por unas políticas pesqueras que pongan fin a la sobrepesca, los ciudadanos también debemos exigirlo a los responsables políticos. Queremos restablecer la salud de los océanos y abastecernos de unas pesquerías sostenibles.

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Las razones de estos fraudes se deben a varios motivos. Mientras que nuestra demanda de pescado y marisco está creciendo, la disponibilidad de productos capturados localmente se reduce a causa de la sobrepesca. Por este motivo, la Unión Europea tiene que importar cada vez más pescado procedente de aguas cada vez más lejanas. Estos productos baratos procedentes de la acuicultura y de pesquerías lejanas, están inundando cada vez más nuestros mercados, y a menudo nos los venden de forma fraudulenta.

Claros ejemplos de ello los encontramos en varios países donde se han realizado pruebas de ADN en el pescado comercializado. En Irlanda, el 28% de todo el bacalao vendido es falso, y peces como el abadejo, el carbonero o el merlán se etiquetan incorrectamente y se venden como bacalao. Para que no nos percatemos, los procedimientos de empanado, ahumado o rebozado de los filetes se encargan de enmascarar el aspecto, el olor y el sabor de los impostores. Pero menos ético, si cabe, es el resultado de las pruebas sobre la procedencia de los peces etiquetados como ‘bacalao pescado de forma sostenible en el Pacífico’, puesto que en realidad se trataba de bacalao sobrepescado en el Atlántico. Así pues, los estafadores se están aprovechando de los consumidores que desean pescado capturado de forma sostenible.

El bacalao es para los irlandeses y los británicos lo que la merluza es para los españoles. Estudios realizados por la Universidad de Oviedo revelan también altos niveles de falso etiquetado. Entre el 31% y el 39% de la merluza analizada era merluza africana, más barata, en lugar de la merluza más cara capturada en Europa o importada de América. Este falso etiquetaje hace que los consumidores españoles, que están dispuestos a pagar más por la merluza fresca capturada localmente, están consumiendo frecuentemente merluza de menor calidad, pero a un precio que casi duplica su valor real. De esta manera, y sin quererlo, estamos enriqueciendo a unos estafadores que afirman que la merluza comercializada ha sido capturada en aguas locales4.

La falta de pescado procedente de nuestras aguas crea además nuevos mercados para especies antes desconocidas y que ahora abundan en nuestros platos, como es el caso del panga, un pescado criado en las aguas dulces y salobres del sureste asiático. En la última década las importaciones de panga crecieron exponencialmente y hoy en día, este pescado reconocido por tener poco sabor y calidad, ha reemplazado nuestros productos tradicionales.

No cabe duda que si la sobreexplotación pesquera no se soluciona pronto, poco quedará de aquel pescado tradicional y saludable procedente de nuestro litoral. Esta falta de suministro propio debido al agotamiento de los recursos, junto con nuestro voraz apetito y las fórmulas estafadoras llevadas a cabo por algunos sectores pesqueros, que buscan nuevas fuentes de ingresos a costa del bolsillo y del paladar del consumidor, hacen hoy en día necesario que todos juntos trabajemos y apostemos por unas políticas pesqueras que pongan fin a la sobrepesca, los ciudadanos también debemos exigirlo a los responsables políticos. Queremos restablecer la salud de los océanos y abastecernos de unas pesquerías sostenibles.

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Publicado el abril 27, 2012 en Prensa y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Comentarios desactivados en ¡Es pescado capitán, pero no cómo lo conocemos!.

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