Cigala

Cigala

Biología y hábitat: La cigala (Nephrops norvegicus ) se caracteriza por tener las dos primeras patas muy desarrolladas y terminadas en pinzas fuertes y grandes. Posee un caparazón liso y de color anaranjado o rosado, con tonos rojos intensos en el dorso, en la base y en los dedos de las pinzas. Puede alcanzar los 24 cm de largo aunque generalmente los ejemplares capturados son mucho menores.

Habita en los fondos de arena y fango, en profundidades que oscilan entre los 20 a los 600 m, donde se alimenta de pequeños peces, crustáceos, detritus, etc.

La cigala puede vivir más de 15 años y alcanza la madurez sexual cuando mide entre 7-8 cm, a los 4-5 años de edad. La reproducción tiene lugar en primavera, y las hembras pueden no realizar la puesta cada año.

Distribución: Se distribuye por el Atlántico oriental, desde Islandia hasta Marruecos, incluyendo el Mediterráneo y Mar Adriático.

Pesca: Aunque existe una pequeña porción de cigalas que proceden de la pesca artesanal (nasas y trampas), la gran mayoría se captura mediante la pesca de arrastre en el caladero nacional o mediante la flota de altura, y como complemento, el mercado español se abastece de las pesquerías de los países del norte de Europa.

En algunas zonas atlánticas la pesca de cigala está regulada. En diferentes áreas su pesca está sujeta al sistema de TAC y cuotas, a una regulación del esfuerzo pesquero y concretamente en el Mar Cantábrico y oeste de la península se ha puesto en marcha un plan de recuperación que comprende a la merluza europea y a la cigala. En el Mediterráneo solo está regulada por su talla, pudiendo ser pescada mucho antes de su primera reproducción.

Comercialización: Se comercializa principalmente fresca (viva o cocida) o congelada (tanto entera como sus colas), así como en conservas o platos preparados.

Valor comercial: Medio/Alto, aunque en los últimos años debido a la escasez ha llegado a alcanzar precios muy elevados. De hecho, las que mayor precio alcanzan son las cigalas grandes o cigalas de “tronco”, mientras que las pequeñas o “arroceras” son mucho más económicas.

Posibles confusiones: Debido a sus dos primeras patas muy desarrolladas, la cigala difícilmente se puede confundir con otras especies.

Impactos y amenazas: La pesca de cigala en aguas europeas destaca por ser una las más insostenibles. Se ha estimado que en la pesca de arrastre de cigala en el Mar del Norte se descarta del 20 al 98% de las capturas (Enever et al., 2009). Motivo por el que se hace extremadamente necesario ampliar la información de cara al consumidor y diferenciar bien los productos procedentes de pesquerías de bajo impacto ambiental, de aquellos productos procedentes de un modelo industrial claramente insostenible.

Además, la cigala es una especie sujeta al sistema de TAC y cuotas, y en algunas zonas se ha establecido durante varios años consecutivos límites de captura muy por encima de las posibilidades de pesca, haciendo caso omiso de las recomendaciones científicas, hecho que ha debilitado considerablemente la población.

A nivel nacional, en el caso concreto del norte y oeste peninsular, se ha establecido un plan de recuperación para evitar el colapso de la pesquería, pero los científicos estiman que la mortalidad por pesca sigue siendo muy alta y que se han rebasado los totales admisibles de capturas (TAC). Además que las poblaciones de cigala continúan diezmadas. Estos factores indican que el plan de recuperación de la cigala no ha sido aplicado eficazmente, tal y como ha señalado la propia Comisión Europea.

Pero a su vez, no sólo se ve afectada la abundancia del recurso, sino también el tamaño de los ejemplares capturados. En nuestros comercios, cada vez son más frecuentes las tallas de cigalas menores (entre 5-10 cm), lo que es un atentado para la supervivencia de las poblaciones, puesto que se capturan antes de haber alcanzado el tamaño de primera reproducción. Además, la talla mínima de captura que marca la legislación de 7 cm resulta completamente inadecuada, puesto que no protege el potencial reproductivo de las poblaciones.

A estos hechos hay que sumar la falta de registro de las capturas en numerosas pesquerías (como sucede a su vez con otros mariscos de elevado valor comercial tratados en esta guía: langostas, nécoras, centollos, para citar unos pocos), factor que puede subestimar la explotación de esta especie y dificulta enormemente el seguimiento por parte de los científicos. Poniendo en peligro no sólo la viabilidad de la pesquería a largo plazo, sino la rentabilidad económica del propio sector pesquero.

Así pues, teniendo evidencias que sobre esta especie, y muchos otros crustáceos, faltan datos de capturas, y por tanto evaluaciones fiables sobre el estado de explotación de la especie, y que es común encontrar en los mercados juveniles de esta especie, resulta lógico recomendar una mayor investigación sobre el ciclo biológico en las diferentes zonas de captura, implantar planes de gestión a largo plazo en base a las recomendaciones científicas, adaptar las tallas mínimas, y establecer toda una serie de medidas que aseguren una explotación sostenible de este recurso en el menor tiempo posible.

Estado de las poblaciones: En el norte y noroeste español, así como el norte de Portugal, según la organización OCEANA, la cigala se encuentra sobreexplotada y en niveles de biomasa extremadamente bajos. De hecho, actualmente la especie se encuentra bajo un plan de recuperación (con el objetivo de reconstituir la población dentro de los límites biológicos de seguridad en un plazo de 10 años), pero el recurso está bajo mínimos y los científicos llevan unos 10 años recomendando cero capturas. En el Mar Balear, se considera a su vez un recurso sobreexplotado, y la FAO-GFCM recomienda, entre otras medidas, una disminución de las capturas, del esfuerzo pesquero, una mejora de la selectividad e implementar zonas de protección para la especie.

En otras zonas todavía no se han llevado a cabo las evaluaciones que determinen el estado de sus poblaciones, aunque según la FAO, la cigala se encuentra ligeramente sobreexplotada o plenamente explotada en la mayor parte de las zonas geográficas donde se captura.

¿Sabías qué? El nombre gallego tradicional de este producto siempre fue langostino. Con la introducción del congelado masivo con marca comercial “langostino” se le cambió el nombre y se le empezó a llamar cigala.

Continuar leyendo Sección IV – Algunas fichas: Cazón.

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Ecologistas en Acción agradece la reproducción y divulgación del contenido de este libro siempre que se cite la fuente: Chaparro, L. 2014. Sin mala Espina, Guía de Consumo Responsable de Pescado y Marisco. Ecologistas en Acción. Ed. Libros en Acción.