Salmón

Salmón Ecologistas en Acción

Biología y hábitat: El salmón o salmón Atlántico (Salmo salar), posee un cuerpo fusiforme y corpulento, llegando a medir unos 150 cm de largo y pesar más de 30 kg a los 15 años de edad, aunque el tamaño de los ejemplares capturados raramente supera los 60 cm. A lo largo de su vida presenta diferentes coloraciones. En la fase juvenil el cuerpo posee manchas rojas, motivo por el que se les llama generalmente “pintos”. En la fase adulta el salmón tiene el dorso de color azul-verdoso, con algunas manchas negras esparcidas, y el vientre plateado.

El salmón posee una cabeza pequeña y boca grande provista de fuertes dientes, que le permite alimentarse de insectos, moluscos, crustáceos y peces. Vive usualmente en aguas someras costeras del Atlántico norte, así como en ríos y lagos de temperaturas relativamente bajas.

Es una especie anádroma, es decir, nace en los ríos, crece en el océano y regresa a los ríos para reproducirse. A finales de la primavera o principios del verano, el salmón migra hacia aguas frías dulces, nadando corriente arriba a una velocidad media de 6,5 km diarios. Tras la puesta de huevos, a finales de otoño y al principio del invierno, los salmones adultos se dejan llevar por la corriente río abajo, regresando de nuevo al mar. Una vez han alcanzado la edad adulta (5-6 años de edad), los salmones regresarán de nuevo al agua dulce para procrear, generalmente al mismo sitio donde nacieron, repitiendo este proceso dos o tres veces en su vida.

Se distribuye por el Atlántico Norte desde Groenlandia, Islandia y el Mar Blanco (noroeste de Rusia), hasta las costas gallegas. En la península, puede encontrarse en los cauces de algunos ríos, como el río Miño, y en ríos asturianos de la cornisa cantábrica.

Distribución: Se distribuye por el Atlántico Norte desde Groenlandia, Islandia y el Mar Blanco (noroeste de Rusia), hasta las costas gallegas. En la península, puede encontrarse en los cauces de algunos ríos, como el río Miño, y en ríos asturianos de la cornisa cantábrica.

Pesca: De manera general la pesca de salmón Atlántico salvaje en el mar con fines comerciales es poco relevante, su captura se reduce prácticamente a la pesca deportiva. En ambos casos, existen numerosas regulaciones y restricciones. En España, la pesca de salmón está regulada y existen diversos planes de recuperación debido al importante declive de la especie.

El salmón presente de nuestros mercados procede casi exclusivamente de la producción acuícola. Los países del norte de Europa son nuestros principales proveedores, mayoritariamente Noruega, seguida por Escocia, Islas Faroe y Dinamarca. Aunque en nuestros comercios podemos encontrar también salmón Atlántico procedente de Chile (donde se ha introducido para el cultivo en las costas del Pacífico chileno), y por último, una pequeña porción que procede de la acuicultura en España.

Su cultivo dura aproximadamente 24 meses. La primera etapa tiene lugar en piscifactorías en agua dulce, donde los salmones permanecerán unos meses hasta alcanzar entre 40 y 120 g de peso. Tras esta etapa serán trasladados a jaulas-viveros en el mar abierto, donde se engordan durante 12 a 18 meses hasta alcanzar entre los 3 y 5 kg de peso, momento en el que estarán listos para comercializar.

Comercialización: El principal producto del salmón Atlántico es el filete fresco, y también el ahumado, aunque lo encontramos en los mercados de muchas maneras diferentes: entero, fresco y eviscerado, precocinado, o en filetes congelados.

El salmón fresco comercializado en España procede casi exclusivamente de la acuicultura de la especie aquí tratada, mientras que el salmón congelado y el resto de productos derivados, suelen proceder de varias especies de orígenes distantes. De hecho, a título de ejemplo, las importaciones de salmón procedente de China están aumentando, pero en realidad se trata de salmón noruego que ha sido fileteado y congelado en China. Así pues, aunque se trate de salmón Atlántico, el salmón congelado puede llegar a tener una huella de carbono muy considerable.

Valor comercial: Medio/Alto. Su cultivo ha convertido al salmón en la segunda especie en importancia comercial por detrás del langostino, con un valor de 5.140 millones de euros/año.

Posibles confusiones: El salmón pertenece a la misma familia que la trucha, por lo que comparten similitudes. Aunque son diferenciables por el color de su piel, cuando el salmón es joven, o la trucha grande, pueden haber confusiones y se puede encontrar que de manera fraudulenta se comercialice la trucha arco iris (Oncorhynchus mykiss) bajo el nombre de salmón o salmón Atlántico (Salmo salar).

El salmón congelado comercializado, así como otros productos derivados y procesados, pueden pertenecer a otras especies diferentes. Entre éstas, varias especies de salmones del Pacífico del género Oncorhynchus: el salmón chinook, también llamado rey o real (O. tshawytscha), el salmón del Pacífico, coho o plateado (O. kisutch); el salmón sockeye o rojo (O. nerka); o el salmón rosado (O. gorbuscha).

Todas estas especies de salmones del Pacífico están compuestas por diferentes poblaciones salvajes, algunas de la cuales catalogadas En peligro o Vulnerables a la extinción. Como sucede con el salmón Atlántico, la gran mayoría de la producción procede de la acuicultura industrial, cuyos impactos ambientales y sociales pueden llegar a ser considerables.

Impactos y amenazas: La prohibición de la pesca no parece que haya permitido la recuperación del salmón del Atlántico, y entre otros factores que ponen en riesgo la supervivencia de la especie, como la contaminación, los obstáculos en la ruta migratoria y la degradación de los hábitats donde se reproduce, el salmón continúa amenazado por la sobre-pesca y las capturas accidentales.

De hecho, el agotamiento de las poblaciones salvajes del salmón ha ido en paralelo al desarrollo de la acuicultura industrial, provocando graves consecuencias ambientales y sociales.

Con respecto a la acuicultura, entre los impactos más importantes destacan el provocado por los escapes de individuos al medio natural, el exceso de nutrientes liberados por los restos de comida o heces, la presencia de productos químicos y fármacos utilizados para controlar las enfermedades, y el aumento de la prevalencia de parásitos como el piojo de mar (el copépodo Caligus) y otros patógenos, poniendo así en riesgo el ecosistema circundante y en consecuencia también a la actividad pesquera de la zona.

El salmón es además una especie carnívora que necesita alimentarse de otros peces. Así pues para obtener 1 kg de esta especie en acuicultura son necesarios entre 4 y 5 kg de otros peces (procedentes principalmente de las grandes flotas industriales), lo que genera un aumento de la presión pesquera sobre otras especies generalmente de bajo valor económico, pero de elevado valor ecológico.

Estado de las poblaciones: En los años 50 se descubrió que los salmones se concentraban en Groenlandia e Islas Faroe, estableciéndose una pesca profesional que redujo la población drásticamente. Hoy en día, y a pesar de las medidas de gestión bastante restrictivas y la reducción de la pesca, el estado de las poblaciones de salmón salvaje es muy crítico. La sobreexplotación ha provocado la desaparición generalizada de poblaciones enteras de salmón salvaje en Norteamérica, Europa y Mar Báltico, y actualmente, más de un 90% del total de individuos de salmón se encuentran en instalaciones de acuicultura.

Con respecto a las poblaciones de salmón españolas, el análisis de las capturas de salmón salvaje en los ríos españoles ha descendido de forma preocupante a lo largo de las últimas décadas, lo que indica la precariedad de la situación del salmón también en nuestro país, donde está incluido como especie En peligro de extinción en el Libro rojo de los peces continentales de España. Así mismo, en numerosas cuencas fluviales del norte de la península, el salmón se ha extinguido.

¿Sabías qué? Consumido desde la prehistoria, se conservan documentos muy antiguos donde se reglamentaba su pesca. Hoy en día, la estricta regulación en algunas zonas, se debe principalmente para evitar su desaparición. En el Reino Unido, el cultivo del salmón en agua dulce se inició en el siglo XIX, con el fin de repoblar los ríos y aumentar el retorno de los salmones silvestres para los pescadores con caña. Su cultivo para criar individuos hasta el tamaño comercial se inició en los años 60 en los mares de Noruega. En la actualidad, el salmón se cría en zonas tan remotas como Tasmania o Chile, donde ha sido introducido generando toda una serie de problemas ambientales y sociales muy graves. Esta especie se encuentra tan domesticada, que se ha propuesto como una especie nueva: Salmo domesticus.

Otra característica propia de la especie es el color rosa anaranjado de su carne, es decir, de color que da nombre al color salmón. Los salmones producidos en acuicultura, al no ingerir su dieta natural, como los crustáceos, carecen de los pigmentos que le dan el color tan característico a su carne. Por este motivo la industria acuícola introduce artificialmente los pigmentos en la alimentación del salmón. De no ser así, su carne sería de color pálido o grisáceo, color que muy seguramente no atraería tanto a los consumidores.

Continuar leyendo Sección IV – Algunas fichas: Bacalao.

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