Sepia

sepia resum

Biología y hábitat: La sepia (Sepia officinalis), también denominada choco o jibia, es un molusco cefalópodo de cuerpo ovalado y aplanado. El manto, que es la parte musculosa del cuerpo, posee dos extensiones laterales en forma de aletas que recorren todo el cuerpo, y en el lado opuesto se encuentra la cabeza, que posee 2 tentáculos retráctiles y 8 brazos distribuidos en pares en torno a la boca.

En el medio natural la coloración del dorso de la sepia es muy variable, desde un pardo-amarillento hasta un marrón-grisáceo claro. Además, los machos adultos pueden presentar una serie de bandas irregulares (similar al de las cebras) y que modifican en función de diversos estímulos.

Las sepias viven en fondos de arena o de fango cubiertos de algas o fanerógamas, entre la zona litoral y los 200 m de profundidad. Cuando llega la época de reproducción (con picos entre febrero y septiembre), efectúan migraciones hacia la costa para reproducirse.
Viven entre 1 y 2 años y alcanzan la madurez sexual a partir del primer año de edad, aproximadamente entre los 7 y 9 cm de largo.

Generalmente las hembras mueren tras desovar, mientras que los machos pueden vivir para reproducirse uno o dos años más, y aunque pueden alcanzar los 40 cm, es más común encontrarlos entre los 20 y 30 cm.

Distribución: Se distribuye por el Atlántico oriental, desde el mar Báltico hasta costas marroquíes y en el Mediterráneo.

Pesca: Su captura se lleva a cabo mediante numerosas artes, entre ellas artes la pesca artesanal como líneas y anzuelos, nasas, poteras, redes de enmalle y otros métodos. Los meses fríos, de octubre a marzo, son los que registran el mayor número de capturas.

La sepia forma además parte de las capturas no objetivo de la flota de arrastre, pero debido a su importancia en el mercado, una vez pescada no se descarta como sucede con otras especies (sin o con poco valor comercial) capturadas por estas pesquerías, sino que permanece a bordo para ser posteriormente comercializada.

Comercialización: La sepia se comercializa fresca (sin limpiar, entera o en trozos) o congelada (limpia, entera o en trozos).

De hecho, debido a la elevada demanda sobre este molusco, gran parte de las sepias que se encuentran en nuestros comercios proceden de las importaciones de Marruecos y otros países africanos, asiáticos o europeos, o bien de la flota de altura española. Por lo que sólo una porción de las sepias comercializadas en España corresponden a la sepia (Sepia officinalis) tratada en esta ficha.

Valor comercial: Medio/Alto. Es importante diferenciarla entre las diferentes especies comercializadas bajo el nombre de sepia, choco o chopitos, puesto que su precio puede variar considerablemente.

Posibles confusiones: Bajo el nombre de sepia, aparecen además de la sepia común aquí tratada, otras especies generalmente de menor tamaño y precio, como el castaño, choquito o coquito sin punta (Sepia elegans), el chopito o choquito picudo (Sepia orbignyana), y diferentes especies de los géneros sepiola y sepietta, denominadas morraletas o globitos. Todas estas especies se engloban comúnmente bajo la denominación común de “chocos” o “chopitos”. Así pues, las confusiones entre las diferentes especies de sepias (capturadas y comercializadas) están al orden del día.

A su vez, y como sucede con las “anillas de calamar”, otros productos comercializados como los “trozos de sepia”, no suelen fabricarse a partir de sepia sino de tiras de potón del Pacífico (Dosidicus gigas) u otras especies similares.

Impactos y amenazas: Uno de los mayores impactos deriva de la propia actividad pesquera, especialmente mediante arrastre, puesto que puede conllevar la captura de inmaduros de numerosas especies y altas tasas de descartes. Pero por otro lado, la pesca de sepias mediante trampas, método artesanal y selectivo, aunque es mucho menos perjudicial que el arrastre, tampoco está exento de impactos.

Cuando la sepia se captura mediante el método de trampas con hojas de laurel, las hembras a punto de desovar se ven atraídas y acaban atrapadas, éstas, a su vez, atraen a los machos que acaban en la misma suerte. Pero cuando este tipo de pesca se lleva a cabo durante la temporada de reproducción, puede llegar a afectar a los individuos que están a punto de reproducirse, disminuyendo la proporción de huevos, y por tanto la futura generación de sepias, afectando así a la población.

Con respecto a la gestión pesquera, cabe destacar que en los datos de desembarco se registran bajo el mismo nombre varias especies de sepias, hecho que dificulta conocer la evolución de los desembarcos, y consecuentemente de las capturas, obstaculizando el análisis por parte de los científicos.

Con todo esto, y teniendo en cuenta que la mayoría de sepias comercializadas en nuestros mercados (especialmente las congeladas) proceden de la flota industrial de arrastre en caladeros africanos, donde las diferentes poblaciones de sepia se consideran sobreexplotadas, y dada la falta de gestión y datos fiables de capturas en aguas europeas, es necesario insistir en la necesidad de gestionar correctamente nuestras pesquerías para depender lo menos posible de la importaciones, y especialmente de las sepias procedentes de pesquerías industriales en aguas foráneas.

Estado de las poblaciones: La sepia tiene un crecimiento relativamente rápido, una esperanza de vida corta y alcanza la madurez sexual al primer año de edad, por lo que se considera una especie relativamente poco vulnerable a la presión pesquera. Pero en numerosos países, además de ser un alimento muy valorado sobre todo en Japón, Corea, Italia y España, se ha convertido en una de las especies más importantes, lo que ha propiciado una explotación cada vez mayor.

De hecho, en las evaluaciones realizadas por la FAO en Marruecos, Mauritania, Senegal y Gambia, zonas donde opera la flota industrial exterior europea (especialmente la española), así como flotas asiáticas, las diferentes especies de sepia capturadas en la zona (Sepia spp.) se consideran sobreexplotadas. A nivel europeo en cambio, no existen evaluaciones por parte de los organismos científicos internacionales sobre el estado de las poblaciones de sepia, ni planes de gestión que regulen su pesca.

¿Sabías qué? Al igual que el pulpo y el calamar, la sepia posee un sifón que le sirve para escupir un chorro de tinta que oscurece el agua y así eludir a sus enemigos. A su vez, si la sepia dispone de tinta, la inyecta sobre los huevos tras el desove, creando una oscura membrana que les ofrece un mejor camuflaje.

Una de las formas más antiguas de pesca, descrita ya en tiempos de Aristóteles, era la realizada con “reclamo”. Se ataba una sepia hembra al extremo de una cuerda o sedal, se tiraba a la mar y se izaba cuando se notaba que uno o varios machos se abrazaban a ella. En la actualidad, realizar esta práctica con el uso de un ejemplar vivo está prohibido.

Continuar leyendo Sección IV – Algunas fichas: Pulpo.

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